En terapia, en un proceso de coaching o de acompañamiento emocional al crecimiento personal o la crianza en familia, caminamos con el cliente –junto al cliente– para alcanzar un mayor grado de bienestar en su vida. Ahora bien, ¿en qué consiste ese caminar? ¿Cómo podemos identificar qué es eso de lo que hablamos cuando hablamos de “bienestar”? ¿Podríamos incluso de alcanzar una definición que sea en sí misma faro y mapa, destino y recorrido, faro y mapa, es decir que en sí misma muestre a dónde llegar y cómo hacerlo? Sabiendo, de antemano que, cuando hablamos de bienestar no nos referimos a un estado placentero en el que no existe la dificultad ni el reto. Hablamos de bienestar en la vida, con todo lo que ello trae consigo, no al margen de esta.
Entonces, ¿qué elementos componen o contribuyen al bienestar personal y, por qué no, al bienestar inter-personal?
- Atender las necesidades. Puede parecer algo evidente e incluso sencillo, pero a menudo no lo es. Pasa por escucharse, por reconocer e identificar y discriminar qué es una necesidad y qué no lo es. Pasa por reunir energía para la acción, identificar dicha acción, dirigirla y ponerse en marcha; pasa por actuar, entrar en contacto con aquello que satisfaga la necesidad y saber retirarse después, abriéndonos a que surja una nueva necesidad, y así sucesivamente. A menudo, surgen bloqueos, cegueras, miedos, culpas, vergüenzas… que nos impiden completar este ciclo de las necesidades.
- Resolver los asuntos pendientes. Nos restan mucha energía, así pueden llegar a ser un lastre muy pesado. Y nos mantienen en pelea con nosotros mismos, entre esa parte que nos impulsa a resolverlo y esa otra que nos incita a no hacerlo. Esta pelea, tiene al menos dos inconvenientes añadidos: en primer lugar, nos resta aún más energía; además, siempre que entro en pelea conmigo mismo, el resultado va a ser el mismo: pase lo que pase, pierdo yo.
- Autorregulación emocional: las emociones son información y energía a nuestra disposición. Son, básicamente, herramientas al servicio del ser humano. Para que verdaderamente actúen con tal, para que ciertamente sean pistas que nos ayuden a movernos por el mundo, necesitamos aprender a descifrar su lenguaje y a prestarlas atención con la frecuencia suficiente como para que se hagan bola, que no se líen que no se acumulen como piedras en un bote de cristal. Para ello, me baso en EL HILO DE LAS EMOCIONES, un enfoque pedagógico que he codesarrollado no sólo para entender el lenguaje de las emociones; también, para saber qué hacer con eso que nos dicen y esa energía que mueven.

